Y es que siempre tiendo a clasificar las cosas,
a hacer aquello después, a buscar prioridades,
a ser el primero en esto, el último en aquello,
a medir en kilómetros por hora, pulsaciones por minuto,
metros, minutos, segundos....

Y soy consciente de que estoy agotado,
y de que mi vida era mas fácil antes,
cuando pasaba por encima de las cosas sin contar,
de puntillas, sin poner el cronómetro
o medir cuándo iba a llegar o cuándo se acababa.
Pasó Lanzarote, y recordé cómo quiero tomarme la vida,

como quiero ser, quizás alguien parecido
a aquel que un día empezaba sin prisa,
sonriendo, quedándose con lo mejor del premio,
porque quizás quiero volver a ser y estos últimos
4 o 5 meses y el tiempo tras Lanzarote, me he perdido
un poco.
He tenido un par de "achaques tontos" y todo se ha acentuado
porque he visto, de forma aún mas clara cómo debo hacer las cosas,
y tengo miedo, porque nadie tiene porqué entenderme
y hay gente MUY importante sin la que no puedo estar,
pero necesito compartir de otra forma.

Hoy no he ido a una travesía a nado a la que
tenía muchas ganas de ir, se nadaba en un pantano
de esos en los que has estado de niño y,...
quizás por el calor, quizás por las curvas,
quizás por la pereza, quizás por Pablo recién merendado,
quizás porque no quiero seguir contando o cronometrando...
pero no he ido, me he quedado en casa con mi familia.
Ahora voy a bajar a nadar a la pisci de casa sin reloj...
a relajarme sin estadísticas ni prisas ni codazos.
Pablo duerme y Paula se da un baño...
ojalá se pare el reloj en este instante,
aunque sigo teniendo miedo.