martes, 18 de agosto de 2009

Montaña

Cuando era adolescente, tras la época de “capitán pirata” con guitarra
al cuello y melena, digamos que me reencontré en la montaña.

Seguía nadando, como en la universidad, pero donde realmente
tocaba la tierra con los pies, donde me sentía tan pequeño como
realmente soy, era en lo alto de un pico, contemplando lo grande
que es todo, y lo cretino que soy cuando me siento o creo alguien.



Mas tarde, se cruzó en mi camino el triatlón, con la palabra IronMan
escrita a fuego desde el primer día gracias a Fermín, persona a la
que le debo mucho mucho, porque el me dijo “puedes”.

Aún así, de una forma u otra, siempre he sido un enamorado
de montes y soledades cercanas (nunca pasé de Panticosa).

Y aprovecho los entretiempos y los pocostiempos para calzarme
las zapas de montaña e ir a corremontañear por ahí con la ilusión de,
quizás en 2011 intentar correr el Ultra Trail del Mont Blanc o quizás,
hacer un trekking algún día en el Annapurna o el año que viene
rozar el cielo en la carrera del Tubkal.

Pero cuando leo y veo casos como el de Oscar Perez,
se me encoje un poco el alma.
Es increible pero lo siento y me duele como si este
Dios de las montañas fuese mi amigo de toda la vida.
No puedo parar de pensar esos momentos colgado de un
saliente en una pared de hielo a 6300 metros con un brazo
y una pierna rotos esperando….
Bufffff



¿Hay mejor o peor lugar para dar “ese” paso?
Quizás para un montañero no,…aunque seguro que si.
¡¡¡¡Que difícil es todo!!!!!!



Desde aquí mis condolencias y ánimos a familiares y amigos.
Los pequeños, seguiremos subiendo y nuestro próximo pico es
para ti.

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